lunes, 24 de marzo de 2008
Enredando las manos
domingo, 23 de marzo de 2008
El pozo

Cambiaré el foco, que es, como buen foco, también la causa, el pozo, de donde nace esta angustia, cotidiana también por lo dolientemente acostumbrada que está a acosarme. Al hacerlo me romperé en varias infancias, seré puzzle, escombro, porcelana rota esparcida por el pasillo de una casa deshabitada, enferma de pasado, clavada en la muerte. Aunque mire atrás sólo veré lo que me espera, el mañana, o, como mucho, un hoy, un ahora agonizante. Romperé, de ese modo, el hilo pendido en las alturas, quedará romo el cuchillo, roto el diente afilado y me dejaré caer sobre un mullido lienzo de incógnitas donde, sueño tras sueño, iré descubriendo los porqués que se esconden detrás de estas palabras tintadas sobre el cuaderno esta tarde de julio, que busca, igual que yo, cambiar de foco, que es causa, como no, pozo...
sábado, 22 de marzo de 2008
La pregunta
Sabiamente me alejé. Y aunque no recuerdo el rumbo tomado si es clara la determinación de mis pasos. Fui todo yo memoria del abandono y la derrota. Después, lejos de todo aquello, empecé a ensayar la olvidada sonrisa delante del espejo; una suerte de rehabilitación heroica y milagrosa. Del camino sólo recuerdo un viento frío azotando mi rostro y la verde hierba acurrucada en mis pupilas. Pasos lentos abrían el sendero que se cerraba de inmediato tras de mí del mismo modo en que anochecía tras mi espalda. Las manos, si mi memoria no falla, jugueteaba una dentro del bolsillo con un billete de metro ya usado y la otra flotaba sobre el aire como una ala que cortase el viento y se balanceaba arriba y abajo, arriba y abajo, danzando cada dedo al compás del frío y del cansancio. No había más música que el pálpito de mi corazón. Una lágrima servía de guía y luz. Esa lágrima respondía a la pregunta que jamás tuve el valor de contestar. Tal vez nunca llegué a hacerme la pregunta, muerto de puro miedo a una tentación. O quizás la hice en aquella mañana enfrentado a la bahía de mi querido norte y se perdió en sus aguas para siempre.
domingo, 9 de marzo de 2008
erre que erre (about Nietzsche)
Cualquier tiempo pasado fue pasado. Y aun cuando trata de encimarse en el presente saltando como “garbancito a la va” es un peso muerto que exceptúa la regla de los pesos muertos y, en vez de duplicar su materia al deshacerse del grávido presente, multiplica el dolor del que lo auxilia y porta por un infinito que lo convierte en pluma. No sé si me explico. Pero me explico hoy, en este presente que muere y muere velozmente y se consume como la luz generada por una resistencia enmarcada en cristal. Intentaré hacerlo más sencillo, para que pueda entenderlo yo, fundamentalmente: cuando la tinta acaba de formar una erre, la erre de formar, por ejemplo, esa tinta, se seca, se muere y pasa de pertenecer del presente del bolígrafo y la mano al pasado de la tinta seca sobre el folio. Esa erre yace, digamos, muerta y lejana y aunque la palabra formar perdure, su perdurar (también terminada en la erre inextinguible) forma parte de un pasado, es parte de aquel instante pretérito en que fue escrita, de la misma manera en que fueron escritos aquellos momentos ya vividos y que, aunque perduren en quién sabe qué folio de nuestra memoria, no son más que tinta seca, inútil para formar otra letra, otra palabra, otro suceso, otro presente. Creo que está más claro. Aunque esta claridad forme ahora parte del pasado... Habría que virar el rumbo y darle esquinazo al pensamiento ocioso, que, aunque nace para aclarar, es turbio en su fondo y provoca remolinos y fuerzas marinas poderosas y absolutamente incontrolables que, si no es hoy quizás sea mañana, pueden provocar el choque del navío y una grieta decisiva para el flotamiento deseable de nuestro casco forjado con armaduras fundidas en tantos desencuentros, materias muertes del pasado presente en este folio, cementerio de tinta negra.
miércoles, 5 de marzo de 2008
Faro de Cabo Mayor
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